Mujer
Paula Placeres
4/20/20262 min read


Una vez, cuando tenía 13 años, deseé con todas mis fuerzas no ser mujer.
Me sentía impedida de hacer, decir, soñar, volar.
Tenía muchas creencias limitantes en mí. Impuestas inconscientemente por las generaciones más grandes, sobre todo de mujeres. Yo sentía que no encajaba en todas estas creencias. Tenía sueños, deseos, ansias, rebeldía, era hasta entonces como una niña un poco salvaje. Siempre tenía la sensación de que los hombres eran más libres que las mujeres.
Me construí como mujer, basada en todo aquello que me habían enseñado, y no me lo cuestioné por mucho tiempo.
Fui sumisa, leal, y guardé todas mis ganas, mi fuerza y mis pasiones para después.
Fui madre muy joven, me ocupé de la casa, de los niños y de mi marido por muchos años.
Cuando la vida más adelante me dejó sola, tuve que recurrir a eso que las mujeres sabemos bien, no porque nos hayan enseñado, sino porque lo traemos como esencia, como energía vital.
Fue entonces que tomé mi vida, manifesté todo lo que quería y lo que no. Aprendí a poner límites, a valorarme, y recuperé mi fuerza primaria. La de ser mujer.
Le dí una nueva forma a mi vida, comencé a formarme, estudiar, cuidarme, aún así recaí algunas veces. Nada fue fácil y nada lo es aún hoy. Soy consciente de que falta mucho camino por recorrer, y mucho por aprender, de los aciertos y de los errores.
Las mujeres tenemos el poder, de transformarnos y resurgir siempre, impetuosas, intuitivas, instintivas.
Creo firmemente que hay algo salvaje en nosotras, no siempre se manifiesta, pero cuando la vida nos aprieta, aparece esa fuerza que nos hace sacar las garras e ir por todo.
Aunque el camino sea duro, nada puede detener el impulso cuando por realmente sabemos lo que queremos y lo que merecemos.
Solo debemos escuchar esa voz que nos grita desde adentro, desde lo más profundo de nuestro ser mujer, desde lo primitivo.
Las mujeres somos como lobas, hembras hechas de fuerza vital, instinto, y espíritu libre, dadoras de vida e infinitamente creativas.
Cuidamos, ayudamos, acompañamos y también merecemos ser cuidadas , acompañadas, cobijadas, cuando así lo deseamos.
Busquemos en otras mujeres apoyo, contención y guía, encontremos esa manada donde cada una logre potenciar sus fortalezas y virtudes, donde se nos cuide y acompañe en nuestras flaquezas.
La vida no debe ser una lucha, debe ser disfrutada, con amor, con alegría y dignidad, y con goce.
¡Feliz día de la mujer!